OFICINA DE NIÑOS, NIÑAS Y ADOLESCENTES

SUPREMA CORTE DE JUSTICIA DE JUJUY

DE LA ESCUELA A LA ESPERANZA: CUANDO LA ESCUELA SE CONVIERTE EN UN ESPACIO SEGURO

La Oficina de Niños, Niñas y Adolescentes participó de la presentación de Puertas de Esperanza. Historias de Resiliencia, tercera publicación surgida del proyecto Historias que dan Miedo, protagonizado por jóvenes escritores del Bachillerato Provincial Nº 2. Un encuentro profundamente emotivo que permitió dimensionar cómo una experiencia nacida de la escucha y el acompañamiento puede trascender las aulas, movilizar instituciones y convertir a los propios adolescentes en protagonistas del cuidado de otros jóvenes.

El 13 de agosto de 2026, en el marco de la 22.ª Feria del Libro Jujuy, la coordinación de la Oficina de Niños, Niñas y Adolescentes (ONNA), representada por la Dra. Ana Carolina Bidondo y la Esp. María Lucrecia Oviedo Mañas, en representación de la Directora de la Oficina, Dra. Emma María Mercedes Arias, participó del encuentro “La Escuela: el espacio de escucha segura”, realizado en el Salón Pachamama del Cabildo de Jujuy.

La jornada tuvo como protagonistas a los jóvenes escritores del Bachillerato Provincial Nº 2, integrantes del proyecto Historias que dan Miedo, quienes, junto a sus docentes Rebeca Juárez y Norma Flores, presentaron su nueva obra: Puertas de Esperanza. Historias de Resiliencia, cuyo subtítulo sintetiza el camino recorrido: “Cómo el acompañamiento educativo abrió nuevos caminos en el proyecto Historias que dan Miedo”.

El encuentro reunió además a autoridades de distintos organismos provinciales que, desde sus respectivas funciones, acompañaron diferentes momentos del recorrido de estos jóvenes. Sin embargo, quienes ocuparon verdaderamente el centro de la jornada fueron ellos: los adolescentes, sus palabras, sus experiencias y, especialmente, aquello que decidieron construir a partir de lo vivido.

La historia que hoy alcanza su tercera publicación tuvo un origen tan sencillo como trascendente: alguien estuvo dispuesto a escuchar.

El proyecto comenzó cuando estudiantes del Bachillerato Provincial Nº 2, que atravesaban diferentes circunstancias difíciles en sus vidas, encontraron dentro de la escuela un espacio en el cual poder expresar aquello que les sucedía. La palabra encontró entonces otro lenguaje: la escritura. Aquellas experiencias comenzaron a transformarse en relatos y esos relatos dieron origen a Historias que dan Miedo.

Después llegó una segunda publicación. El proyecto trascendió las paredes de la escuela, alcanzó la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, recibió reconocimientos y generó encuentros y articulaciones con diferentes instituciones comprometidas con la promoción y protección de los derechos de niñas, niños y adolescentes.

Hoy llega Puertas de Esperanza.

Y quizás el cambio en el propio nombre permita comprender también la dimensión del camino recorrido: de aquellas historias que necesitaban encontrar palabras para poder ser contadas, a historias que hoy pueden abrir puertas para otros.

Uno de los momentos más significativos de la presentación ocurrió cuando los propios jóvenes contaron que la difusión alcanzada por el proyecto hizo que otros adolescentes comenzaran a contactarlos a través de las redes sociales para confiarles sus experiencias, preocupaciones y momentos difíciles.

Frente a ello, decidieron organizarse voluntariamente para responder y acompañar. Incluso durante los fines de semana se reúnen, con los recursos que tienen a disposición —computadoras, teléfonos y, fundamentalmente, su tiempo y compromiso—, para estar presentes cuando otro adolescente necesita encontrar del otro lado a alguien dispuesto a escuchar.

Así, quienes alguna vez necesitaron ser escuchados hoy aprendieron también a escuchar a otros.

De este recorrido surge asimismo “#ContáConmigo”, iniciativa en la que los jóvenes participarán durante la Fiesta Nacional de los Estudiantes, articulando acciones con el Poder Ejecutivo Provincial. La propuesta parte de una mirada especialmente sensible: en medio de una celebración multitudinaria, aprender a mirar alrededor. Advertir si hay algún adolescente que permanece apartado de las actividades, que quizás no está encontrando su lugar en ese momento o que simplemente necesita que alguien se acerque y lo invite a participar.

A través de juegos, propuestas y espacios compartidos, los jóvenes buscarán generar encuentros e integrar a otros adolescentes a la celebración, haciéndolos protagonistas de la experiencia. Se trata de poder ver al otro y hacerle saber que también hay un lugar para él. Poder acercarse y decirle: “Contá conmigo”.

Durante la jornada se socializó además otro paso trascendente nacido de este recorrido: la generación de espacios institucionales de escucha y contención en establecimientos educativos de la provincia, acompañados por instancias de capacitación que alcanzarán inicialmente a equipos directivos y cargos jerárquicos, con proyección hacia los distintos integrantes de las comunidades educativas.

De esta manera, una experiencia que comenzó en una escuela comienza a ofrecer una enseñanza capaz de trascenderla.

Porque escuchar a un niño o a un adolescente no consiste simplemente en permitirle hablar. Escuchar implica recibir su palabra con respeto, reconocer el valor de aquello que siente, evitar minimizar sus preocupaciones, saber acompañar lo que expresa y conocer los mecanismos adecuados de intervención cuando la situación lo requiere, evitando exposiciones innecesarias y prácticas que puedan generar nuevas vulneraciones o revictimización.

Implica también abandonar aquellas respuestas adulto-céntricas que reducen una preocupación diciendo que “son cosas de chicos” y comprender que aquello que para una mirada adulta puede parecer pequeño puede ocupar, en la vida de un adolescente, todo su mundo.

Por ello, construir espacios seguros de escucha dentro de las escuelas constituye una verdadera herramienta de cuidado, prevención y garantía de derechos.

El encuentro estuvo profundamente atravesado por la emoción. Hubo palabras, recuerdos y lágrimas. Los jóvenes agradecieron públicamente a quienes, desde distintos organismos y responsabilidades, estuvieron presentes en diferentes momentos de su recorrido y contribuyeron, desde el cumplimiento de sus funciones, a generar condiciones para que pudieran continuar construyendo sus proyectos de vida.

Sin embargo, para quienes asistieron en representación de la Oficina de Niños, Niñas y Adolescentes, aquel agradecimiento adquirió casi el sentido inverso. Fueron los jóvenes quienes enseñaron.

Enseñaron que una escucha realizada a tiempo puede modificar un recorrido. Que una experiencia difícil puede encontrar palabras. Que esas palabras pueden transformarse en un cuento; que un cuento puede convertirse en un libro; que un libro puede llegar a otros jóvenes y que, finalmente, quien alguna vez necesitó ser escuchado puede convertirse en alguien capaz de reconocer, acompañar y cuidar a otro.

Por eso, Puertas de Esperanza parece un nombre especialmente significativo para esta tercera publicación, los adolescentes que un día encontraron una puerta abierta para poder hablar, hoy están ayudando a mantenerla abierta para quienes vienen detrás.

Desde la Oficina de Niños, Niñas y Adolescentes celebramos y acompañamos aquellas iniciativas que reconocen a niñas, niños y adolescentes como verdaderos sujetos de derechos y protagonistas de las transformaciones que los involucran. Experiencias como ésta recuerdan a quienes ejercemos responsabilidades públicas que detrás de cada intervención, cada articulación y cada decisión institucional existe una oportunidad concreta de incidir positivamente en la vida de un niño o de un adolescente.

Y quizás esa sea también la enseñanza más profunda que dejó esta jornada: una escuela puede convertirse en una puerta de esperanza cuando existe, del otro lado, un adulto dispuesto a escuchar.

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