Agosto: El Mes de las Infancias, una oportunidad para renovar nuestro compromiso con los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes
En nuestro país el Día de las Infancias se celebra este 16 de agosto, las Naciones Unidas promueven que durante todo el mes de Agosto nos detengamos a mirar a las infancias desde una perspectiva que trascienda una fecha en el calendario. Nos invita a que sea una oportunidad para reflexionar sobre el lugar que ocupan los NNyA en nuestras comunidades y sobre la responsabilidad colectiva que tenemos de garantizar el pleno ejercicio de sus derechos.
Desde la Oficina de Niños, Niñas y Adolescentes (ONNA) entendemos que las infancias representan una etapa de la vida única, irrepetible y determinante para el desarrollo de cada persona. Por ello, el respeto, la protección y la promoción de sus derechos constituyen una obligación prioritaria para las familias, las instituciones y el Estado en todos sus niveles.
La labor de la ONNA se sustenta en la convicción de que las niñas, niños y adolescentes son sujetos de derechos y merecen una tutela reforzada. Esto implica que, tanto en los procesos judiciales como en las políticas públicas que impulsamos diariamente, deben ocupar un lugar prioritario. Su voz debe ser escuchada, sus necesidades consideradas y su interés superior protegido de manera efectiva.
La Opinión Consultiva Nº 31 de la Corte Interamericana de Derechos Humanos recordó recientemente que el cuidado constituye un derecho humano fundamental. Cuando pensamos en ese derecho desde la perspectiva de las infancias, comprendemos que niñas, niños y adolescentes son quienes requieren una protección especial y preferente. El cuidado no es solamente una expresión de afecto; es una responsabilidad jurídica, ética y social que demanda presencia, escucha, acompañamiento y acciones concretas destinadas a garantizar condiciones dignas para su desarrollo.
Por ello, en este Mes de las Infancias queremos dirigir un mensaje especial a quienes integran el sistema de justicia, a quienes trabajan en instituciones públicas y privadas, y a cada persona adulta que tiene contacto con niñas, niños y adolescentes.
Cuidemos a las infancias como nos hubiera gustado que cuidaran a nuestro niño o niña interior.
Recordemos aquello que necesitábamos cuando éramos pequeños: ser escuchados, comprendidos, protegidos y valorados. Pensemos en la diferencia que puede generar una palabra de aliento, una intervención oportuna, una decisión justa o una acción comprometida. Cada uno de nosotros, desde el lugar que ocupa, tiene la posibilidad de contribuir a construir entornos más seguros, respetuosos y protectores.
Las infancias no pueden esperar, su tiempo es distinto al de los adultos. Cada día de cuidado, protección y escucha deja una huella positiva en su desarrollo; cada demora, cada indiferencia o cada vulneración también.
Que este Mes de las Infancias nos encuentre renovando nuestro compromiso con una sociedad que coloque a niñas, niños y adolescentes en el centro de sus decisiones, reconociendo que proteger sus derechos hoy es construir un futuro más justo para todos.